lunes, 28 de diciembre de 2009

9 No

9 No

No.
No lo entiendes.
Parece que avanzas hacia un fin
que te lleva esperando desde que saliste.
Pero No. No de momento, lentamente
los motivos se diluyen
y tus súplicas,
como graznidos en el viento,
parece que van a parar a un ser que todo lo conoce,
lo construye, lo decide, lo crea
o lo devasta,
pero No.
Sólo orejas que esperan tu silencio,
que te calles ya
y dejes de intentar hacer creer
que nos importa,
que siquiera nos conmueve
o nos molesta.

No. Tío, no.
Aquí ya no se puede pisar la arena tierna,
lisa, ardiente, amarilla y brillante
que te ha hecho creer que todo resplandece
cuando tus pies, sudorosos
inyectan todo el peso absoluto
zafio, inerte,
de una masa que engulle, consume,
compra-venta de espacios que no te corresponden.
Déjame en paz, que tus ojos
de triste lanza clavada en el lomo
dormido
de un animal que no exhala
ni pasión, ni sangre
ni nada,
no me ven, jamás he encontrado,
mínimamente,
un atisbo de lágrima,
escrutando, como siempre,
cuánto saco, de dónde, cómo,
cuánto vale
cuanto tienes,
cuánto, cuánto......

No. NO te enteras,
machote,
chaval que envejece a la velocidad del veneno
recorriendo la sangre,
casi mermelada
de odio y de envidia,
de que no puedes usar un molde tan agudo,
refinado, pulido, exacto, acertado.
Por eso te desmembras incluso cuando avanzas
y por eso no cabe
desear que tu voz no suene tan perdida
tan llena de vacío
palabras repetidas
vocabulario de hombre cavernículo
yo, mí, me conmigo...
nada, de nuevo,
especies de barrancos protegidas desde las que tu conciencia
se suicida
y el soplido de un aliento
hervido al fuego de un rencor
cocinado primero
por no ser lo que otros son
delante de tu cara.

La mediocridad hace al hombre un ser inerte
en la mayoría de las ocasiones
en que la vida recorre el cuerpo
y las venas
hinchadas
quieren correr, galopar, sacar un huracán
de elementos químicos brotando
para conformar un espacio espeso
y mórbido
que se confunde con la materia
gris, sólida, llena de aristas,
afilada.
Compacta como el asfalto.

No. No entiendo cómo ríes con esas carcajadas,
parece que descoyuntas un niño
lo tronchas desde el pecho
hasta la espalda.
El amor, eso que es gratis mientras te palpita el sueño,
se fue por la puerta
cuando todo lo que amasas entró
por la ventana.

No vas a comprenderlo hoy
mientras intentas agarrarte para no caer por el desfiladero
No vas a respirar ni a ser valiente
mientras la aguja le gana horas de dolor
al pánico,
al infinito pánico que te adormecerá
y que ya sientes,
cuando empiecen a pesarte los párpados.

Mientras intentas asirte y te das cuenta
de que todos tus dedos ocupados
en tener, señalar, señalarte
yo, mi, me conmigo...
ya no tienen la fuerza para sostenerte
y te caes
vacío absoluto de colores que nunca vinieron
antes
en un viaje que creías
te curaría para siempre el cáncer
que se apodera lentamente
de los nervios eléctricos y azules
que te envenenan la córnea
mientras la música sube, sube y sube…

No. Tú no puedes. Intento fútil,
Insípido, inane.
Baila al son del organillo y ríe…

No. Para ti está prohibido
Y lo sabes.