jueves, 17 de diciembre de 2009

4 El miedo a ver la Lágrima

4 El miedo a ver la lágrima

No veían la lágrima...
Después
se la follaban
como si fuera una furcia,
una ramera sin derecho a un pañuelo
seco, limpio, blanco
que le borre el surco
que le ha dejado las vértebras
tronchadas,
hendidas,
horadadas.

La lágrima
es esa cosa inútil
que se obceca,
poderosa y química,
reclama su dolor
su cuota de animal,
verdad arrancada de cuajo, a tiras,
rojo reflejado en la gota que filtra
el viento en la herida sin costra,
nervios afilados,
carne que silba.

La lágrima
que escuece la razón
y amarga la saliva,
sólo puede rodar por mejilla de hombre,
por mejillas descarnadas,
pálidas,
sucias,
nunca antes ungidas ni marcadas,
carne que se agolpa al corazón,
la puerta de colores,
y estalla, así,
miles de gotas de sudor del pánico
que cayeron al suelo sin ahogar antes el ansia.
Mejillas que soportan el gesto
contra el frío,
a plena luz del sol,
mejillas reventadas por el poder de una mano
atroz y encallada, dura
recia, firme,
cruel e inabarcable
en su gran bofetada.

El miembro cuelga de un edificio,
sin razón,
moles cuadradas, bloques de hormigón
que van puliendo y dando forma,
arista,
ángulo recto,
definición de rectas infinitas,
abolición de curvas y de brillo,
revelación bajo todo lo concreto.

La lágrima es redonda,
comprende el pensamiento y la respuesta,
se extiende hasta que explota
y se sumerge,
se cuela,
en el medio de tu día,
tu calendario, tu agenda
y te inunda la canción
de melodías extrañas y estridentes
desconocidas
amenazadoras.

Lágrima
que refleja la sombra
tiesa, muerta, acartonada,
que iban a poner en lugar de las estrellas
porque la luz es finita, lenta
y se difuminaba...

Por eso
no veían,
no podían ver la lágrima
y después
la vida,
o eso,
eso
se acababa.