lunes, 21 de diciembre de 2009

5 Lucha de Gigantes

5 Lucha de GiganteS

Lucha de GiganteS
a pleno pulmón
estamos escalando,
subimos,
con las manos hinchadas,
soplamos,
malheridos
masticando el dolor que no nos hiere
la columna vertebral
que nos mantiene vivos.

Lucha de enormes posesiones.
Nomenclatura de hombres
que se arrecian
los unos contra los otros
hasta encerrase
como ojos prehistóricos
ciegos de ver el sol
y sólo las estrellas
en la caverna,
la inmisericorde caverna,
agujero donde todo se embellece
con el brillo asesino,
navaja que afila
la hoja ya negra de hundirse,
en el negro brutal y sin sentido
que construye el abismo,
mujer enredadera, color blanco mariposa,
que nos mece.

Lucha de escaleras,
de peldaños que así,
por golpearse,
por aplastarse,
se desordenan,
se descolocan y la dimensión,
una boca de pánico
con muelas paralelas
que se traga la sangre,
se vuelve casi un viaje,
una masa cruel de tiempo y de materia,
un bloque de silencio
caído
posado
incrustado
que apelmaza el soplo,
el aire que nos queda,
y lo apaga.

Final de carreteras
que se estaban cubriendo,
el día en que escupieron las nubes
pétalos deshojados en la sábanas calientes
donde sus miembros,
hastiados de cemento,
se desanclaban.
Sus venas surcadas como cauces
de ríos completamente secos
de haberse desbordado
una ya, y mil veces
sobre la Vega, para anegar el campo
y asesinar la plaga
de momentos normales
que apuñalan el sembrado y se instalan
oscuridad, como un virus,
latente
en tu piel
o tierra repleta de semillas
de sueños que no germinan
en el sitio de su recreo.

Fin último,
última estación.
Última llamada para los genios sin memoria.
Panda de monstruos
que se empeñana por pudrirse
intentando desgajarte.
Una fruta madura
de la que ya se han desprendido
millones infinitos de otros ríos,
cauces llenos de flores y de avispas
que usurpan el corazón
en medio de tu pecho,
sangre otra vez
que se derrama
se agolpa por cubrirnos
hasta el cuello,
explota
y se desata.
Como un mar
de horas, minutos y
de versos,
una barca repleta de colores,
que nos pintan el lago,
con dulzura,
sintiendo el músculo
abrasarse por la luz
que nutre la lágrima
cuando el Sol,
otra vez las venas
revienta.
Para que se terminen las palabras.

Lucha de Extraños
en un mundo de otros que se miran,
sólo miran
y no te reconocen,
así,
tan delgado y limpio,
la carne seca.
Se dejaba llevar
por ti
y ahora,
como un aliento
que enerva el vello
en medio de la noche
ahora,
que se apaga la vela
ya,
que se ha acabado la batalla,
ya no se deja.


......
Amsterdam, 13 de Mayo de 2009

En memoria de Antonio Vega Tallés, fallecido a la edad de 51 años en Madrid el 13 de Mayo de 2009