sábado, 7 de abril de 2012

El contestador automático inolvidable de Amsterdam


Oh
Este miedo que me estás lanzando
no es tuyo, ni mío
dios mío
dentro de los párpados
los ojos miran desbocados hacia adentro
más adentro del idioma
de los recuerdos
de los huesos
Oh 
Quítate de en medio
que no puedo verte y así
tampoco yo me veo

Oh
Quiero decirte que sí
que claro que quiero
pero los pies pesan tanto
que caminan hacia el pasado de otros
que se caen
enfangados
dentro de los posos del café
dentro de mis propios sueños
Oh
No quiero
irme, pero me siento
mecido como las hojas de los árboles
sin aire, sin agua, sin sìlabas
ni firmamento

Oh
No puedo
ser entendido, ser amado
ser eterno
No puedo desear nada dentro de este cuerpo
medio putrefacto, arcaico, moribundo
cubierto de piel hasta los mismos intestinos
lleno de vísceras y de excrementos
Oh
Qué lástima de labios que me besan
de cuerpos que me han desprotegido de mis manchas
No puedo entender
qué me sucede cuando todo se distorsiona
cuando la droga me golpea
o me delata

Oh 
Creo que te quiero
màs allà de tus ojos fuera del color
más lejos de la primera vez que no fue que no
con más fuerza de lo que creo que represento
Creo que no me entero cuando estallas
cuando dices a todas las cosas
con un nombre ininteligible
depravado
inmisericorde
sin precedentes, todo tuyo
Oh
Me estoy ahogando dentro de tu vientre
me estoy masturbando entre tus quejidos
y no quiero limpiarme nunca más 
de tus abrazos
Oh la siguiente
que pase
y tú te quedes
como lo que de verdad es
exacto, ahora, tù
permanente

Oh
yo también me pierdo
en tu articulación que me desgarra
el lugar donde en el pecho
se supone
habitabas
Oh
codo con codo
sigue la vida
cada vez que te llama
una voz surge de entre lo que espera
voicemail

Sólo espero que escuches la llamada